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Huellas Bucaramanga


  Mi historia como joven ignaciana

María Alejandra Morales nos cuenta su experiencia como joven ignaciana. Su comienzo en Huellas, sus referentes, aprendizajes y varias cosas más en esta linda historia...
Por María Alejandra Morales Rojas

Mi experiencia con la espiritualidad Ignaciana inició como catequista de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús aquí en Bucaramanga en el año 2012. Desde ese momento empecé a leer y escuchar frases muy motivadoras como En todo Amar y Servir que sin duda alguna fue la que más llamó mi atención. Como joven hija de una familia muy arraigada a la tradición religiosa y estudiante de Licenciatura en Educación Preescolar, contaba con una serie de experiencias de formación en educación y otras experiencias muy religiosas, pero nunca había vivenciado un encuentro personal con Dios más allá de las doctrinas que implican ser un buen católicos.

Continuando con mí cuento como catequista de una parroquia jesuita, conocí un poco la vida de San Ignacio y algunos aspectos de su espiritualidad, pero esto tampoco fue suficiente para vivir una experiencia de Fe viva y real. Fue hasta el 2016 cuando gracias a la providencia de Dios y a la llegada de un gran maestrillo a Bucaramanga, recibí una invitación personal de Dios para iniciar en mi ciudad un sueño llamado Huellas. Contagiada por la motivación de esta novedosa propuesta, acepté encantada y desde ese día sin duda alguna mi vida y profesión no volvieron a ser las mismas.

(...)nunca había vivenciado un encuentro personal con Dios más allá de las doctrinas que implican ser un *buen católico*

A partir de este momento, comencé un camino de formación llena de vivencias que le daban sentido a cada una de las cosas que aprendía. Solo pisando estas huellas logré comprender el verdadero sentido del legado de servicio, amor y perdón que predicó Jesús hasta darlo todo por nosotros. Aprendí rápidamente nuevas palabras como lo son: doradas, azules, verdes, asesores, guías, pisar tierra, contexto, apostolado, misiones, viajes, encuentros, campamentos, espiritualidad, ejercicios, discernimiento, redes, celebraciones, amigos, comida, abrazos, muchas sonrisas…. pero sobre todo la palabra “comunidad” transformó mi forma de ver, enfrentar y disfrutar cada nueva experiencia que Dios ponía en mi vida. Definitivamente comprobé y continúo comprobando cada día que Dios pone en nuestra vida tiempos, lugares y personas precisos como bien lo expresó San Ignacio y saberlo interpretar y aprovechar al máximo es lo que hace la diferencia.

La palabra *comunidad* transformó mi forma de ver, enfrentar y disfrutar cada nueva experiencia que Dios ponía en mi vida

Hoy después de dos años de formación y servicio no estoy aquí sola, estoy rodeada de una gran familia llamada Huellas Santander. Somos una familia unida en el amor de Dios Padre, alegre, llena de vida y buena actitud, comprometida con la misión de Jesús. Somos emprendedores y buscamos siempre estrategias creativas para en todo amar y servir a nuestra comunidad. Actualmente trabajamos en red con la comunidad Huellas Doradas Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, Huellas San Pedro Claver y Huellas Colegios Fe y Alegría de la región. Juntos le apostamos a la formación de las diferentes etapas, al apostolado y a la construcción de lazos de amistad para que nuestra familia perdure en el tiempo y deje huella en el gran Santander.

Razón tenía el padre Pedro Arrupe al afirmar que tenemos que enamorarnos de la vida y de la fuerza creadora que solo proviene de Dios Padre. Esto me pasó a mí, me enamoré de este estilo de vida con el cual puedo cada día de mi vida conjugar mis más grandes pasiones que son: la educación, el servicio y el trasmitir alegría a todo aquel que Dios ponga en mi camino. Tal cual lo describe Arrupe al decir que (…) aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación, y acaba por ir dejando su huella en todo. Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama en la mañana, qué haces con tus atardeceres y en qué empleas tus fines de semana (…). Es por esto que entregar mi energía, creatividad y alegría a este sueño, se convirtió en mi motivación diaria y estoy segura que no solo es la mía sino la de muchos hermanos huellistas de cada rincón del país que desde sus regiones también intentan ser jóvenes para el mundo que queremos y soñamos.

Me enamoré de este estilo de vida con el cual puedo cada día de mi vida conjugar mis más grandes pasiones

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